December 06, 2006
It's the little things
Sé que desde que estoy viviendo en el Defe muchos de mis posts hacen referencia a cosas que vivo y veo en la ciudad. Es tan monstruosamente diversa que es inevitable verse absorvido por sus manías.
Hay diferencias sutíles que pueden realmente molestarme algunas veces. En esta ocasión haré una comparación entre el transporte público tabasqueño y el del distrito. Me limitaré a hablar de los microbuses que tienen asientos de esos que son uno sólo a todo lo largo del vehículo y bueno, lo compararé con las combis Villahermosinas porque son mi referente más fresco.
En Villahermosa la gente sabe acomodarse en los asientos con uha habilidad similar a la de un grupo de sardinas en una lata con jugo de tomate. No importa la cantidad de gente que entre (que puede ser algo inconsedible) siempre los que están sentados le hacen un huequito al nuevo usuario. Sé que hay ocasiones en que el espacio a penas y es suficiente para un cuarto de nalga pero de que vas ahí aconchado no hay duda. Para mí esto habla de la alta conciencia que tienen los tabasqueños por la colectividad, todos cabemos medio sentados.
En el defe la gente se desparrama lo más posible para que nadie se siente donde están. En ocasiones utilizan la técnica del dormido, en otra la de simplemente hacerse pendejos, a veces leen pero su macabro egoísmo siempre se deja ver. Por una parte pienso que están tan atemorizados de todos que prefieren ni siquiera hacer contacto visual aunque también entiendo que pasan tanto tiempo en transporte público que cuando les toca sentados quieren ir lo más comodos posibles pero oígame, ocupar un espacio en el que caben tres ya es mala onda.
Hoy por segunda vez me tocó un caso de estos. Iba yo parada cuando la persona frente a mí (que estaba sentada) salió del microbús en cuestión. Al sentarme me dí cuenta que si las personas a mis dos extremos se recorría un poco otras dos personas (de tamaño estándar de culo) cabían perfectamente, por lo que me dispuse a recorrerme hacia un extremo mientras al del otro lado lo veía incisivamente. El señor me vió y se hizo pendejo, aplicó la del dormido y cerró sus ojitos y la señora contra la cuál yo cada vez me pegaba más, al grado de casi sentarme sobre ella no hizo más que mirarme con extrañeza y enfado sin moverse siquiera un ápice. Ofrecí a los parados el espacio que había logrado hacer y fue rechazado. Estuve a punto de pararme como protesta pero entendí que no tenía caso por lo que apliqué la técnica de la lectura con una cara de "púdranse todos pues" que la verdad no fue muy buena onda de mi parte.
Pero en fin, sólo espero que mi ánimo comunistoide no muera en esta ciudad que entre más estaciones de metro recorres más ganas te dan de que todos se compren un coche y desalojen el área.
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